Quienes disfrutamos la lectura y principalmente los libros nunca podremos ver remplazado algún ejemplar en físico por su representación digital. Es que no es lo mismo guardar archivos en una carpeta que tener la posibilidad de almacenar ejemplares y presumir a la par cuanto has leído y qué esperas aún por leer en base a esos huequitos de estante que no llega a estar del todo lleno. Olerlos, pasar sus páginas y hacer alguna anotación con cierto criterio de culpa (pues sabes que no deben rayarse las hojas) es un placer culposo como pocos hoy en día, ahora bien, a todo ese planteamiento sensorial se podría sumar el uso de una biblioteca que no conocía hasta que fue citada en clases por la querida Inés, integrante del instituto y quien revisa muy de cerca el contenido escrito de Sumito Estévez, justamente ella fue la encargada de brindarnos no sólo las normativas para el uso de los textos del instituto si no también, quien abre la biblioteca personal del chef para nuestro uso y disfrute.
Originalmente cuesta un poco creer no sólo la cantidad de libros, los títulos y las fechas de muchos de ellos, sino también las dedicatorias tan sentidas y personales que reposan en sus primeras páginas, una señal de respeto y consideración entre escritores y usuarios de las letras. Desde Popic hasta Scanonne, pasando por otros grandes, todos ahí reunidos en esas pequeñas cuatro paredes de madera para darnos a nosotros -estudiantes en formación- la oportunidad de ver el mundo gastronómico en primera fila. Tuvimos la ocasión de organizarnos en grupos de trabajo tras escribir una gran lista de intereses literarios para consultar en unos 20 minutos, la obligación no sólo era revisarlos sino también conversar sobre ellos y publicitarlos al resto de los compañeros para que encontraran ahí la confianza necesaria no sólo para indagar sobre alguna clase, sino también como un acercamiento a los libros que fueron parte de la vida de alguien más quien seguramente los valoró y valora, quien los utilizó para construir lo que es hoy en día.
Si bien no pueden ser sacados de la institución por motivos administrativos y de resguardo por su gran valor personal, entendemos que la importancia de documentarse en los espacios libres es vital para consolidar el objetivo máximo de cualquier oficio o profesión, la integralidad.
Las letras son eternas, como buenos cocineros debemos familiarizarnos con ellas para no sólo hacerlas propias, sino para dejar un legado escrito al que muchos puedan acceder en busca de una experiencia comunicada, sentida y honesta. Solo así estaremos en la memoria de quien decida emprender éste camino de la manera en que hoy lo hacemos nosotros, sólo así podremos ser archivados algún día entre cuatro paredes de madera.


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