"La pasión por la cocina es la clave para cocinar"... Cuando juntas éste elemento con un increíble: reparto, color, sabor, cultura y sueños el resultado es una propuesta que desafía por completo todo aquello visto anteriormente en el cine para enmarcar una trama romántico-gastronómica. Con "Un viaje de diez metros" es imposible no emocionarse; tal vez sea por la empatía que genera en los cocineros todos esos platos y procedimientos referentes de libros que logramos identificar a lo largo de la trama, o quizás, ese factor adicional, ese eslabón no negociable que es sin duda el éxito que genera la práctica y el aprendizaje constante. Elementos que marcan una gran diferencia en éste oficio cada vez más concurrido.
Todo comienza por una causalidad, una familia proveniente de la India buscando iniciar una nueva vida después de haber atravesado un fatal evento en su país de origen. Un encuentro fortuito cambia el rumbo de los hechos, de la mano de una dulce cocinera que ayuda a éstas personas a adaptarse a un imponente y nuevo mundo al que llamarán hogar. Experiencia que inicia adquiriendo una vieja y abandonada casa a las afueras de París, la cual será un pedacito de su cultura en el competitivo mundo de la restauración. Sólo diez metros los separan de su mayor obstáculo, un consolidado y premiado restaurante, su mayor opositor justo en frente de su gran proyecto familiar, éste famoso sitio dirigido por una estricta señora, viuda y convencionalista que no tolera las libertades creativas se verá amenazado por los sabores de una tierra lejana. Sin embargo, y en la medida que la trama avanza, evidenciamos como las diferencias se hacen puntos de encuentro por medio de la cocina y el inmenso amor que ella representa, el talento de un emergente cocinero y una pasión creciente que surge del intercambio de recetas.
La invitación es a disfrutar de ésta película y plantearse a nivel personal un viaje propio guiado por el aroma y el color, por el deseo de descubrir y aprender. Es apoderarse de éste tipo de experiencias para reinventar nuestra propia vida y ¿qué mejor que involucrar en el proceso a la cocina? Sea usted el propio juez.

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