Preparar,
empacar y almacenar alimentos en la lonchera puede ser para muchos una
alternativa para ahorrar, para otros la mejor opción para bajar de peso y para
un grupo cada vez mayor, una alternativa para mejorar los hábitos de
alimentación. En cualquiera de los casos, es de suma importancia seleccionar recipientes adecuados para la ocasión, que sean duraderos y
que mantengan la calidad de los alimentos contenidos. Existen tres tipos de
materiales con los que se fabrican estos recipientes para almacenar alimentos:
vidrio, acero y plástico, cada uno tiene sus ventajas y desventajas y en virtud
del uso que se le de algunos funcionan mejor que los otros.
Como
propuesta, sugerimos la reutilización de envases plásticos en busca de brindar
alternativas a los más pequeños, no sólo de traslado de los alimentos sino
también como un proyecto creativo para realizar en casa con ayuda de un adulto,
ellos mismos pueden decorar y sugerir en función de su imaginación. El
resultado será envases y termos que perduren en el tiempo y tengan ese sello
personal.
Datos
importantes a considerar a la hora de preparar la lonchera:
La lonchera es una
estrategia física para el traslado de alimentos, acá debe ir resguardada la mejor
opción para los más pequeños. No va ligada, necesariamente, a productos costosos que impactan el bolsillo
de los padres y representantes,; sino más bien, a productos que nutran a ese
ser en desarrollo por su alto contenido de nutrientes. La primera comida del
día, el desayuno, debe realizarse primeramente en casa, las opciones son
variadas al igual que el tiempo invertidas en ellas pero, siempre hay
alternativas sencillas a las que se pueden recurrir como: avenas, jugos,
frutas, cereales y yogures que condicionan al estómago para un complemento
alimenticio posterior.
El niño y la niña son
parte crucial de todo el proceso, hay que involucrarlo no sólo en la elección
de los alimentos, sino también, en conversaciones que nos indiquen sus gustos y
preferencias, aromas favoritos, colores y formas. Así la experiencia de alimentación
será un proceso lúdico y compartirlo. El conocer cada alimento y qué nos
aporta involucra a ambas partes desde un
criterio de corresponsabilidad. Si vamos aún más allá y le aportamos valor
ecológico a la información seguramente se sentarán nociones importantes en ese
ser en contante desarrollo.
Papeleras plásticas de colores rotuladas en
algún espacio limpio de la casa son una gran alternativa, se podrían separar
los alimentos ya utilizados en la lonchera de forma más organizada y se
impartiría con el ejemplo motivando al niño y a la niña a ser parte de éste
nuevo orden de distribución de desechos. Recolectar envases plásticos y generar
un nuevo artículo por medio de ellos es una forma lúdica y divertida de también
entender nuestro intercambio con el planeta aportándole cosas útiles que
deriven de material originalmente descartado. El secreto está en entender que el
acto del buen comer (como práctica cotidiana) está lleno de matices, que puede
ser saludable y una nueva práctica en los hogares que deseen tomar verdadera
responsabilidad por la alimentación de la familia.


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